Cultura

Una mirada al siglo XX a través del retrato

Paula Agudo

En el Centro Botín, un lugar emblemático tanto por su continente como por su contenido, ocupa una pequeña sala la exposición Retratos: Esencia y Expresión. Se trata de ocho obras del siglo XX que forman parte de la exposición permanente del Centro Botín.

En 2017, tras mucha polémica entre los santanderinos, así como un largo tiempo transcurrido desde el inicio del proyecto, se inauguró el Centro Botín, una institución artística impulsada por la Fundación Botín que presenta diferentes facetas.

Buscando siempre desarrollar la creatividad y potenciar la inteligencia emocional, el Centro Botín pretende convertirse en una referencia en esta disciplina,  e investiga y desarrolla estudios junto al Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale.

Una gran galería de arte

Además de sus diversas actividades, no debemos olvidar que  se trata de una gran galería de arte. Durante su corta historia ha acogido ya exposiciones de artistas reconocidos a nivel mundial, desde Carsten Holler o Julie Mehretu a Joan Miró.

Normalmente el Centro Botín aloja exposiciones temporales, de hecho, actualmente está instalada la exposición Itinerarios XXV. Se trata de una exposición anual donde artistas emergentes de todo el mundo, becados por la Fundación Botín, muestran y exponen sus trabajos realizados a lo largo del año en cualquier parte del globo. La muestra número XXV es una auténtica vuelta al mundo, desde Japón a Cuba pasando por México.

Al contrario de las muestras hasta ahora citadas, Retratos: Esencia y Expresión es una exposición permanente. Las obras han sido cedidas por Jaime Botín, y formaban parte, hasta ahora, de su colección privada. Es una mirada al siglo XX por medio de retratos de artistas icónicos. Ocho cuadros forman la muestra, en la que se puede apreciar la evolución y corrientes artísticas surgidas durante el pasado siglo.

Melancolía y aire sombrío

María José Salazar, miembro de la Comisión Asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín y comisario de la exposición, destaca la melancolía y el aire sombrío y nostálgico que adoptan las pinturas. “Es como si un gran manto transparente de melancolía las envolviera”.

La obra de Isidre Nonell, Figura de medio cuerpo (1907), representa una mujer tranquila y reposada, pintada con pequeños trazos suaves y coloridos que transmiten dulzura y buen hacer a través de sus pinceladas. Este cuadro supuso un cambio de temática, ya que la artista dejó de pintar mujeres gitanas, activas y folclóricas y pasó a la tranquilidad y paz que transmite el lienzo.

Joaquín Sorolla siguió la moda de la época y en 1907 comenzó a pintar cuadros con temática marítima, sus cuadros de esta época alcanzaron fama a nivel nacional e internacional. Su paleta de colores es reconocible aún hoy en día por sus trazos gruesos pero delicados. En este caso la Fundación Botín nos presenta Al Baño (1908), pintada en una playa de Valencia. En muchos casos Sorolla utilizó como protagonistas de sus obras a miembros de su propia familia.

El famoso pintor francés, Henri Matisse, tras un viaje a España, concretamente a Andalucía, pintó este cuadro, Femme espagnole (1917), cautivado por los colores y la alegría de esta región. Su paleta de colores cambió radicalmente; el cuadro transmite fuerza, alegría y pasión, todo ello conseguido con una combinación de colores concreta.

Gris y Picasso

Arlequín (1918), el cuadro cubista desarrollado por Juan Gris aborda el retrato con la tendencia de la época, inspirado en parte por Picasso. Gris pinta dicho retrato con una combinación de formas y tonos diferente a lo que estaba acostumbrado, llegando quizás a su madurez como artista.

Daniel Vázquez Díaz y su Mujer de Rojo (1931) es la imagen que representa la exposición, y en ella el artista español adapta la época cubista a su pincel. Se convierte en uno de los principales pintores de retratos de la época, pasando por sus lienzos poetas, políticos y aristócratas. En su cuadro se notan influencias francesas, Mujer de Rojo es el cuadro más famoso de su colección.

Retrato de mi Madre (1942) es una obra de Francisco Gutiérrez Cossío; este artista afirmaba que solo pintaba cuadros de personas que conocía a fondo, quizás por eso podemos observar esa profundidad y conocimiento en el lienzo.

Colores lúgubres

José Gutiérrez Solana retrata en  El constructor de caretas (1944) a un amigo suyo en su taller, mostrando su oficio con diferentes datos pintados en el cuadro. Sus colores lúgubres y oscuros son característicos de Solana.

El último cuadro de la exposición es el que Francis Bacon pintó en 1972 y se titula Self Portrait with Injured Eye Representa a uno de sus amantes en su característica forma agresiva de pintar. Es uno de los cuadros más llamativos de la colección por la actitud y rudeza del retratado, debido a su violencia en formas y colores.

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