Turismo

Un inmenso abrazo con la naturaleza

Daniel de Santiago

Hace unos días visité por primera vez uno de los escenarios míticos e importantes de la comunidad asturiana. Un lugar de apenas cincuenta y ocho habitantes que esconde entre sus montañas uno de los entornos más maravillosos que mis ojos han visto nunca: Los Lagos de Covadonga.

No estoy muy seguro de si compararlo con una de las siete maravillas del mundo se podría calificar como una verdadera idiotez. Incluso muchos de los que lean este texto dirán que este pensamiento es propio de un loco, pero lo que a mi me transmitió este rincón de la naturaleza, propio de la diosa Artemisa, no lo hizo ni el gran Coliseo Romano.

Lago Ercina, Covadonga

El Lago Ercina conforma junto con su hermano gemelo, el Lago Enol, los Lagos de Covadonga. El primero, se encuentra a 1108 metros de altitud y tiene una profundidad de unos 3 metros aproximadamente.

Por su parte, el Lago Enol se encuentra a una altitud de 1070 metros y tiene una anchura de 400 metros.

Sus aguas, limpias y cristalinas como el diamante debido a su origen glaciar, reflejan la nieve que cubre las montañas del Parque Nacional de Los Picos de Europa, como si de un espejo se tratara.

Podemos decir, sin lugar a duda, que nos encontramos frente un escenario visual fascinante que ratifica que Covadonga es un paraíso natural.

Pero este lugar no sólo es conocido por sus lagos y sus montañas, sino también por sus iglesias, monumentos, y la importancia que ha tenido a lo largo de la historia de nuestro país.

Santa Cueva de Covadonga

La basílica de Covadonga es uno de los santuarios de peregrinación más importantes del país y lugar de obligada visita si te encuentras por tierras asturianas. Se trata de una gruta situada al pie del Monte Auseva que data del año 1778.

La tradición afirma que don Pelayo, persiguiendo a un enemigo que se había refugiado en esta cueva, se encontró en ese momento con un ermitaño que rezaba a la Virgen. El ermitaño rogó a Pelayo que lo perdonase, puesto que se había acogido a la protección de la Virgen, y le dijo que llegaría el día en que él también tendría necesidad de buscar amparo en la cueva.

Sin duda, es un lugar que rebosa tranquilidad, calma y espiritualidad, ya no sólo por el hecho de ir a rezar y ofrecer el culto a la Virgen de Covadonga, sino como un espacio de reflexión que transmite una gran inspiración.

Estatua de Don Pelayo

Justo al lado de la preciosa catedral de Covadonga, nos topamos con la estatua dedicada a Don Pelayo, representado como un fuerte guerrero que parece jalear algún grito desde el pedestal para que sus hombres sigan luchando y no se rindan. Como podemos observar, porta su gran espada y la Cruz de la Victoria a sus espaldas, dos símbolos de grandeza, valentía y de gran valor sentimental.

Indudablemente, el nombre de Don Pelayo quedará grabado en la memoria de todos los asturianos, no solo por su grandeza como guerrero, sino como el hombre que comenzó la reconquista de Al-Ándalus en la Batalla de Covadonga.

Muchas veces no somos conscientes del patrimonio cultural e histórico que integra nuestro país. Y uno de los ejemplos más claros es el de Covadonga. Santander se encuentra a solamente dos horas en coche de este lugar único en el que disfrutar de una escapada irrepetible.

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