Deporte

Todo esfuerzo tiene su recompensa

Jorge González / Álvaro Miranda

¿Alguna vez habéis pensado cómo sería vivir en el extranjero y encima haciendo lo que más os gusta?

Pues hoy estamos encantados de presentaros a Javier Reñones, un joven santanderino algo peculiar. Hoy en día, Javier vive en Carolina del Norte gracias a una beca deportiva pero, vayamos al principio.

Nos remontamos once años atrás, Rafael Nadal y Roger Federer disputaban la final de Roland Garros de 2008 en la que el manacorí, ganó en tres sets. Javier, enamorado por el partido que acababa de presenciar, decidió dejar el fútbol y empezar a jugar al tenis.  




Ahora, avanzamos hasta 2015, cuando Reñones comienza los trámites para cruzar el charco. Se puso en contacto con una agencia que ayuda a deportistas españoles a conseguir becas en Estados Unidos y así comenzó todo. Conversaciones por Skype, vídeos de Javier jugando para que vieran su nivel de tenis, preguntas de Javier sobre la vida allí…

Para acceder a las universidades americanas se deben pasar dos exámenes, el SAT y el TOEFL. El primero se encarga de medir tus conocimientos en matemáticas y en inglés mientras que el segundo se focaliza únicamente en tu dominio del inglés. Javier pasó ambos exámenes y cuando se quiso dar cuenta estaba en París, despegando en un avión con destino Raleigh. Atrás quedaba España, su familia y sus amigos pero delante tenía una oportunidad única que no iba a dejar escapar tan fácilmente.

Ahora pongámonos por un momento en su piel. Tienes 18 años y te ves cambiando tu vida de forma radical y, seamos sinceros, no es un paso fácil para nadie. Al llegar, Javier tuvo que enfrentarse a la primera barrera, el idioma. Reñones era capaz de hablar inglés pero su nivel era más bien básico como él mismo nos confesó. Además, Carolina del Norte es una región en la que la gente tiene bastante acento, lo que dificultó aún más la tarea de comunicarse. Pero el tiempo todo lo cura y sus compañeros de equipo de la universidad ayudaron a Javier en su adaptación. “A día de hoy, no tengo ningún problema con el idioma y puedo hablar inglés con quién sea” sentenció el joven tenista.




El día a día de Javier es bastante duro. Sus días empiezan un poco antes de las 6 de la mañana. A las 6:40 tiene sesión de pesas y carrera continua, nos confesó que se despierta antes para poder comer algo y no hacer ejercicio con el estómago vacío. Al volver, se ducha y se prepara para ir a clase no sin antes desayunar. Tras la jornada lectiva, Reñones se prepara la comida y se va al entrenamiento que comienza a las 3 de la tarde y que dura algo más de dos horas. Lo bueno, como dice Javier, es que el entrenamiento se hace ameno ya que se lleva muy bien con sus nueve compañeros de equipo. Ya finalizando el día, cena con el equipo en el apartamento o en el comedor de la universidad y hacen los trabajos pertinentes. Hay que irse pronto a descansar ya que al día siguiente deben repetir la jornada. “Mi día a día es un poco estresante pero lo hago con mucho gusto” nos comentó Javier.

Al principio, la adaptación a la nueva vida y al estilo estadounidense fue bastante difícil  -nos comenta Javier- muchas veces se planteó poner punto y final a su nueva vida y volver a España, pero con la llegada del segundo año, se propuso esforzarse para mejorar sus resultados académicos y deportivos. Este esfuerzo dio sus frutos y a día de hoy está pensando en quedarse en EEUU.


Le preguntamos también sobre las principales diferencias entre el sistema educativo estadounidense y el español. Nos ha contado que, a pesar de no haber estudiado nunca en una universidad española, en Estados Unidos se premia mucho a los deportistas y se potencia mucho su proyección, apostando mucho por ellos. Los precios de sus universidades rondan los 40.000 dólares, con lo la mayoría de las universidades españolas nos pueden parecer hasta “baratas”. Además que en el continente americano, se da mucha más importancia a las prácticas que a las clases teóricas.

Nos ha comentado Javier que no solo siente pasión por el tenis. Su padre fue jugador de balonmano y ahora entrenador, con lo que está muy metido en el mundo de este deporte. Además, también es seguidor del fútbol , baloncesto y le gusta también practicar el pádel.

Un chico deportista que no dudó en dejarlo todo atrás por una oportunidad. Una historia digna de contar. Y que aunque después de todo se quede en Carolina, siempre tendrá su casa en Santander.

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