Política y sucesos

El partido socialista aplaza la formación de gobierno

Paula Agudo

Las terceras elecciones parlamentarias en menos de cuatro años no han terminado de aclarar la incertidumbre del panorama político español.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha ganado las elecciones nacionales del 28 de abril, alcanzando casi el 29% de los votos e intentará formar gobierno, siendo uno de los pocos ejecutivos de este signo actualmente en la Unión Europea.

No todo es oro lo que reluce, puesto que por motivo de  la ruptura del bipartidismo el partido más votado ha conseguido 123 escaños en el Congreso de los Diputados, siendo el total 350 asientos. Pedro Sánchez necesita negociar el apoyo de los partidos más pequeños para poder aprobar sus presupuestos y gobernar con fluidez y eficacia.

El número clave es 176, 176 escaños para poder tener la mayoría. Actualmente se estudian diferentes alianzas que darían a los socialistas la mayoría. La más probable por lo comentado durante la campaña electoral sería la unión de izquierdas con Unidas Podemos (UP), partido liderado por Pablo Iglesias. Aun así no llegaría al famoso número por lo que también tendrá que negociar con los partidos minoritarios como pueden ser los independistas catalanes o vascos, así como el recién llegado al congreso del Partido Regionalista de Cantabria (PRC) estrenando escaño por primera vez en su historia. Estas alianzas son clave para que el actual presidente en funciones pueda estar en el gobierno los 4 años reglamentarios.

Mientras la izquierda hace cábalas y números sobre cómo gobernar, el partido Vox entra por primera vez en la cámara baja.  El debut nacional de esta formación ha mostrado que España, al igual que los demás países europeos, no ha sido inmune al auge de la extrema derecha. Lo que sí ha conseguido el partido nuevo es movilizar a la izquierda por miedo al discurso ultraconservador.


Vox y el PP sin escaños en el País Vasco

Las propuestas de Vox incluían la abolición de las comunidades autónomas y encendieron un fuego interno en los votantes de izquierda, pero también parecieron impulsar a los partidos regionales y nacionalistas más pequeños, que tuvieron importantes avances el domingo. El Partido Popular (PP), por ejemplo, se quedó sin escaños en el País Vasco, mientras EH Bildu obtuvo 5 asientos en el congreso.

El miedo a Vox, así como las preocupaciones sobre un Partido Popular tradicional y conservador, dispuesto a abrazar al partido de extrema derecha como su socio de coalición, movilizaron a los españoles llegando a una participación del 79%, casi 9 puntos más que el 2016, confirmando así el mito que una alta participación favorece al partido socialista.

Quién no ha salido bien parado en estas elecciones es el Partido Popular, quien su cambio de discurso hacia la derecha para paliar los votos que se mudan hacia vox les haya hecho perder sus votantes de centro derecha. Realmente el PP necesita un cambio de estrategia, quién lo hará efectivo después de las elecciones regionales del 26 de mayo.

La previsión para estas elecciones está en el aire. Puede pasar que se repita el fenómeno del 28A pero los politólogos mantienen otra teoría, la movilización del centro derecha y los votos que a nivel nacional han ido a vox apoyen ahora al PP. Vox es un partido sin implantación regional ni local, por lo que todos estos votos ayudarán a que el golpe al partido altamente castigado por la corrupción y la indolencia ante el desafío catalán no sea tanto a nivel regional. Realmente estas elecciones son claves para el PP.

En medio de esta vorágine política en nuestro país el nuevo gobierno se enfrenta a la abrumadora tarea de reducir el desempleo y evitar el colapso del sistema público de pensiones.

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