Turismo

El mágico secreto de las cascadas

Daniel de Santiago, Dani Vázquez

En la época de las redes sociales, la agitación y la inmediatez, para mucha gente resulta casi imposible encontrar un momento de paz, un remanso de tranquilidad donde poder desconectar de la realidad y recargar unas pilas excesivamente consumidas. Por eso, desde la revista Generaciones, Daniel de Santiago y Dani Vázquez os traemos uno de los secretos mejor guardados de nuestra región, una experiencia entretenida y saludable: la Ruta de las Cascadas.

Hablamos de una ruta de senderismo circular que nos lleva desde la población de Somahoz, en el municipio de Los Corrales de Buelna, hasta el Refugio del Monte Brazo. Aunque existen otros recorridos alternativos, esta es la ruta principal y la que realizamos en esta ocasión. De escasa dificultad y accesible para todos los públicos, cuenta con casi 9 km de distancia, con un desnivel acumulado de más de 300 metros, alcanzando la altitud máxima en los 420 metros. Una oportunidad imperdible a media hora de Santander y menos de quince minutos de Torrelavega

La magia de esta experiencia está en el maravilloso paisaje que nos rodea y nos atrapa durante horas. El nombre de ‘Ruta de las Cascadas’ refiere a las once caídas de agua que nos encontramos a lo largo del río La Canal de las Tejeras. Aunque necesitamos alejarnos un poco de la ruta principal para acceder a las cascadas, merece la pena acercarse y admirar su belleza. De diferentes alturas, destacan aquellas cercanas a los seis metros, ideales para sentarse junto a ellas y meditar al arrullo del discurrir del agua y la leve brisa que acaricia las hojas de los avellanos.

Un paisaje mágico rodea a las cascadas Foto: Daniel de Santiago

A la hora de continuar la marcha, iremos notando el cansancio propio de la subida constante, pero será el menor de los problemas cuando nos encontremos las diferentes fuentes que aparecen por nuestro camino. Manando de las paredes del bosque disfrutamos del agua más fresca posible, una especie de elixir proveniente de la madre naturaleza, capaz de aliviar cualquier tipo de fatiga que se nos presente.

A medida que proseguimos en nuestro ascenso y el rumor del río se aleja por nuestra izquierda, la ruta se desvía en un tramo un tanto complicado de detectar, por su inexistente localización, pero el curso del camino es de gran ayuda. Pocos metros después, la espesura de los avellanos va disminuyendo y la luz del sol se hace cada vez más presente. Nuestra escalera hacia el cielo, de la que tanto hablaba Jimmy Page, se acerca a la cima.

Para cuando llegamos al Refugio del Monte Brazo, es difícil contener el aliento ante la magnitud e inmensidad que presencian nuestros ojos. A mitad de camino entre Somahoz y Bostronizo, podemos apreciar como se abre a nuestros pies el valle de Buelna. A menos de un kilómetro, desviándonos de nuestra ruta, se encuentra la ermita de San Román de Moroso, un coqueto templo prerrománico del siglo X que, aunque no entra en nuestra ruta circular, recomendamos como lugar de visita obligatoria, principalmente por la impresionante necrópolis medieval situada en sus alrededores.

Vista del Valle de Buelna desde el Refugio Foto: Daniel de Santiago

Volviendo al refugio, iniciamos nuestro descenso por una empinada carretera de hormigón por la que es necesario andar con cuidado por la pronunciada pendiente. En este último tramo, si obviamos el impactante paisaje que nos rodea, el recorrido no nos depara más sorpresas. Este relajado camino a casa nos sirve de descanso tras una intensa experiencia con la naturaleza.

Y así es como llegamos al punto de origen. Tras varias horas, nuestro cuerpo vuelve a casa tan agotado como renovado, listo para retornar al mundo real con la mejor de las sonrisas, aunque consciente de que tendrá que venir otra vez a Somahoz para volver a admirar una belleza semejante.

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